martes, septiembre 09, 2008

El Proceso I


A las 7 en punto se abrió la puerta del fondo de la sala de espera y una enfermera vestida con ambo, cofia, guantes y barbijo me llamó por el apellido.
"Dejá los anteojos" me dijo.
Muy amablemente me indicó el camino hacia otra sala de espera interna donde me vistieron con una especie de camisón, una cofia y una especie de pantuflas que se ajustaban a mis tobillos.
Luego me llevaron a un pasillo donde había otras personas vestidas como yo.
Una atmósfera de ansiedad se palpaba en el silencio.
Nos presentamos y empezamos a hablar.
Había quienes estaban más nerviosos, otros menos.
Una mujer cada tanto estallaba y decía "Quiero que pase YA! quiero que pase YA!" y después se disculpaba riéndo nerviosamente.
Todos íbamos a ser operados por primera vez ese día. Todos del ojo izquierdo. Extraño fetiche del oculista.
La otra semana sería el derecho.
"El médico no llegó aún" nos dijo una enfermera.
Más espera.
Charlamos sobre nuestras expectativas, sobre lo informados que estábamos de los procedimientos, de nuestras familias, nuestros acompañantes, charlamos de todo.
Me sentí bien de encontrarme bastante tranquilo en relación a los demás.
"Llegó el médico" nos anunciaron.
Volvió el silencio, ninguno de nosotros podía evitar pensar que en un par de minutos, nos cortarían el ojo.
Hubo un par de palabras del tipo "bueno, ya llegó el momento", pretendiendo mostrar valentía pero resultando en lo contrario.
La enfermera se asomó y llamó: "Manfredi"
Manfredi se paró, era una mujer flaca, nos despidió, le deseamos suerte.
Fue un gesto verdadero.
El miedo, la ansiedad, o lo que sea, nos unía.
Es un lazo mucho más fuerte que otros.
Retomamos la charla casual. Estábamos salvados por un rato.
A los 6 o 7 minutos se abrió la puerta y Manfredi salió caminando acompañado por la enfermera y desapareció por la puerta que entramos.
Cuando volvió la enfermera llamó otro apellido.
Otra vez la despedida emotiva.
Aparecieron dos mujeres más por la puerta de entrada vestidas como nosotros y se sentaron.
Se presentaron y empezaron a hablar de algunos temas ya charlados.
Novatas.
Poco después se abrió la puerta y salió quienquiera que sea acompañado por la enfermera.
El asunto parecía industrial.
Llamaron a otro, una de las que recién había llegado.
La enfermera explicó que el orden de la cirugía no respetaba el orden de llegada.
No explicó cual era el orden que respetaba.
Me miró a mí y me dijo "Vos quedate tranquilo que sos el último".
Más tiempo de espera = más ansiedad. ¿De qué tranquilidad me hablaba esa mujer?.
Como sea, el asunto siguió así.
Enfermera que sacaba a alguien, volvía y llamaba a otro, unos minutos y vuelta a lo mismo.
Me quede último, solo.
Ya todos habían salido, menos yo y la pobre diabla que estaba siendo operada.
"Acá está, esto es" pensé y acaricié la idea. Era algo sólido.
Me concentré en lo que estaba por suceder, debía entregarme y confiar.
La puerta de entrada se abrió, entró otra mujer disfrazada como yo.
Mierda.
Nos presentamos, me contó que ella tenía un ojo perfectamente sano, así que sólo debía operarse uno.
Ésta sería, con suerte, la primera y última vez en pasar por este proceso.
Salió del quirófano la paciente recién operada.
Llamaron a la última que entró.
"Después de ella ya venís vos".
Otra vez sólo.
Otra vez me mentalicé.
El tiempo se hizo largo.
Me concentré en mi respiración.
Traté de alejar todos los pensamientos de mi cabeza pero todo lo que había aprendido de la operación atacaba con arrietes, vencía, e inundaba todos los espacios.
Luego pensé "son sólo pensamientos".
De apoco me fui serenando.
La puerta se abrió y salió la enfermera con otra operación exitosa.
Después de acompañar a la mujer hasta la otra sala, volvió a aparecer por la puerta y me dijo:
"Vamos"

Y fui.

2 comentarios:

love in the philippines dijo...

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